SOBRE LA MAGIA: QUE SI EXISTE ¡CARAJO!

Marihuana colombiana magica

Si le preguntara en este momento, así, de una, sin ningún preámbulo, si cree en la magia, usted qué contestaría… Pero no… espere. No hay necesidad de que emita respuesta alguna. Es rotundamente evidente que la gente no cree en la magia. Así de fácil y ya. Pero esta actitud no es más que una chambonada de nuestra cultura y de nuestros tiempos.

Primero que todo, ¿qué es lo que entendemos por “magia”? Partiré de nuestras tendencias cotidianas e intentaré esbozar una respuesta que se acerque a nuestra realidad.

Empecemos con el siguiente hecho. Si estuviéramos en una fiesta para niños o en un espectáculo donde hay un personaje que llaman “mago”, y les preguntara si él hace magia real, la mayoría de ustedes contestaría que no. Simplemente darían por sentado que se trata de una persona más, común y corriente, que genera ilusiones: con algunas habilidades, nos da la sensación de realizar algo fantástico, que, no obstante, cuando se descifran sus acciones, nos queda claro que no tiene nada de extraño o sobrenatural, y que se encuentra en las mismas condiciones (aburridas, cenicientas, hastiantes) de todos y de todos los días. De hecho, cuando logramos explicar racionalmente (es decir con conexiones coherentes y lógicas de causa-efecto) el acto del tipo, pierde toda la gracia. Por esto era que en esa película de Cristopher Nolan, The prestige (que traducen como El gran truco) uno de los personajes, que se dedicaba a este tipo de espectáculos, le enseñó a un niño (¿o niña? Ya no recuerdo ni importa) un truco, diciéndole que no se lo mostrara a nadie, y lo hacía precisamente porque nadie se iba a interesar nunca más. Entonces dejémoslo así: en el momento en que el truco pasa a tener explicación racional, pierde toda su fascinación, pierde toda su gracia. Y esto es una verdad universal. Verifíquelo por sus propios medios si le da la maldita gana.

Pero no perdamos el rumbo. Ese tipo, el del espectáculo, no tendrán mucho problema ustedes en reconocer que es mejor llamarlo prestidigitador (qué palabrota) a llamarlo mago, precisamente porque lo que realiza son trucos, trampas para nuestra percepción, sin alterar absolutamente nada del orden de la realidad. Esto a su vez quiere decir que el mago sí tendría la capacidad de alterar la realidad. Y con esto ya tenemos alguna especie de respuesta a nuestra pregunta inicial: ¿qué es la magia?: la magia real, si tal cosa existe, sería alterar el orden de la realidad, quebrar las leyes de la naturaleza. Pero esto no lo logra ni el prestidigitador, ni las brujas, ni las putas. Nadie hace eso. Todo es susceptible de explicación racional –dirán muchos, especialmente en nuestros días- y por lo tanto, la magia real no existe. Son cuentos, chismes fabricados por gente sin ocupación, y de mala fe, por cierto.

Muy bonito. De verdad que sí. Pero ante eso, debo decir que es una tremenda barrabasada. Esa definición –y las creencias con las que se viste- son una de las más gigantes y descaradas estupideces que he escuchado en toda mi vida. Y con esto aprovecho para anunciar lo siguiente: me propongo probar que la magia real sí existe. En todo momento. A donde sea que usted mire.

Para empezar, observemos las deficiencias de la definición de magia establecida por la mayoría de personas: la magia real es quebrar las leyes de la naturaleza, y esto nunca ha ocurrido desde que nació el universo, afirman los científicos. Por lo tanto la magia real no existe. La deficiencia de todo este disparate empieza, precisamente, por su arrogancia (cualidad muy propia de la ciencia y la Razón). ¿A qué me refiero? Para estar seguros, es decir, 100% seguros de que jamás hemos quebrado las leyes de la naturaleza, previamente debemos estar 100% seguros de que conocemos el 100% de la naturaleza, lo cual ya huele a disparate desde bastantes kilómetros de distancia. El ser humano no ha llegado a conocer la realidad en su totalidad, ni lo llegará a hacer (por fortuna), porque es inmensa y porque es cambiante. No nos alcanzaría toda nuestra especie, toda nuestra evolución para llevar a cabo semejante disparate. Pero voy a desmembrar esto para que incluso los niños y los nenes puedan entenderlo. Imaginen que la totalidad de la realidad consistiera nada más que en 5 objetos: 1) un libro, 2) un teléfono, 3) un pocillo, 4) una tanga, 5) un ser humano (este ejemplo ya es también una tremenda estupidez, pero nos sirve como experimento mental). Ahora imagine que se deseara probar la siguiente afirmación: “en todos los objetos de la naturaleza, únicamente existe el color azul”. Para probar dicha afirmación, el único ser humano tendría que examinar todos los objetos de la naturaleza, uno por uno, incluyéndose a sí mismo, minuciosamente. Si el resultado de su examen es que todo es azul, entonces la afirmación es verdadera. De modo parecido sucedería con el juicio “jamás se han quebrado las leyes de la naturaleza”. Para probar esto tendríamos que tomar objeto por objeto, hecho por hecho, de todos los objetos y hechos existentes en su totalidad y que puedan llegar a existir. Esto es imposible para la humanidad. De hecho la ciencia afirma que hay aspectos de la realidad que no podemos conocer, por ejemplo, la materia oscura. ¿Cómo podemos estar seguros de que en la materia oscura no se quiebran las leyes de la naturaleza que nosotros conocemos? No podemos.

Por otro lado, estamos muy satisfechos y seguros del conocimiento racional (de ahí su arrogancia), pero este no es la verdad sobre la realidad, sólo es una de sus múltiples perspectivas, y de hecho, muchas veces tiende a ser aburridora. Esto se ve más claro con el siguiente ejemplo. En la época de Newton, se llegó a creer que él había descifrado una ley de la naturaleza, porque fue capaz de traducir lo que para él era la gravedad, en términos matemáticos. Es decir, hizo de la gravedad un asunto racional. Y todos creían que eso era la realidad. Ya para el siglo XX, con la aparición de la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica, se desmintió  aquella creencia: la gravedad no era lo que Newton creía. Así que él no llegó a conocer racionalmente, ni en su totalidad, a la gravedad (por cierto ¿qué es la gravedad? Ni usted ni nadie lo sabe. Por lo tanto la gravedad es magia y usted la vive todos los días). Únicamente esbozó lo que para él era su interpretación de la gravedad: interpretación muy inteligente y racional, pero por esto mismo muy aburridora. No tiene gracia. Y así como pasó con Newton, también pasará con la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica (bueno, si seguimos vivos…). ¿Quién puede negar esto con certezas? Nadie.

Entonces podemos señalar lo siguiente: afirmar que la magia real es quebrar las leyes de la naturaleza, y que esto nunca ha sucedido; no tiene sentido. No tiene ningún sustento sólido. Más bien con esto sí podemos probar otra verdad universal: la Razón aniquila la magia. Allí donde un evento es susceptible de explicación racional, desaparece la magia. Si hablan de espantos o vivimos algo relacionado con ellos, el hecho es muy fascinante, enriquecedor y sugestivo. Nutre  a la vida y a la imaginación. Pero si se explican estos hechos desde lo racional (los sonidos que usted escuchó sólo fueron el viento y la gravedad, y se lo puedo probar con estas ecuaciones, bla, bla, bla) pierden toda gracia. Se tornan aburridos y grasientos. Igual que sucede con el acto del prestidigitador. Y todo esto nos lleva a una definición de magia real, que tiene sentido y ya ha sido sustentada por lo que hemos visto: magia real es todo aquello que no ha sido explicado racionalmente. Donde hay misterio, donde hay oscuridad, donde las cosas no son claras pero de todas formas hacen escándalo, todo eso, digo, es magia. En esta medida, el ser humano es un ser muy mágico (y no nos gusta eso. Por esto es que hemos intentado transformarnos en máquinas. La magia nos quedó grande. A nuestros ancestros mitológicos no. A nosotros sí). Y mucho de la realidad es magia. Precisamente, y muy curioso por cierto, la ciencia actual por fortuna está dejando su arrogancia y está presentando un universo completamente misterioso, y por esto mismo, putamente mágico: agujeros negros dentro de los cuales es posible que hayan mil universos más, la posibilidad de viajar en el tiempo, el hecho de que la materia se comporte como la luz y viceversa, entre otras cosas que suceden en un simple objeto, como una tanga, que en cada una sus micropartíciculas hay universos misteriosos, aparte de todo ese macrouniverso que la tanga protege, día a día. Entonces todo lo que nos rodea es magia y la ciencia de hoy lo está empezando a reconocer con fascinación, a pesar de la arrogancia de ayer. Lo que hace el prestidigitador es magia. Deje las explicaciones para otro momento y simplemente fascínese. «Ah, que yo sé muy bien cuál es la verdad. Lo que hacen los magos es una ilusión.» ¿Cómo lo sabe? ¿Se lo dijo la ciencia? ¿No se acaba de dar cuenta que la ciencia sólo es un cuento más? Ahora note lo siguiente: si se trata de escoger entre cuentos, fábulas que expliquen la realidad ¿cuál prefiere escoger: un cuento fascinante, misterioso; o un cuento aburridor? Los humanos (siempre que sean verdaderamente humanos) aborrecemos el aburrimiento. Nos repugna.

No le estoy declarando la guerra a la ciencia. Siempre que nos pueda hacer la vida más fácil, ofrezcámosle una mano. Eso sí, con cuidado. Pero los humanos somos mucho más que razón. Y si es posible para nosotros vivir de una forma mucho más enriquecedora, creativa, misteriosa, llena de prodigios y palpitante de gracia, pues entonces celebremos la vida. Y hay que hacerlo, maldita sea, pues el misterio está en todas partes: sólo tenemos que afinar un poco nuestro olfato. Si esto le cuesta esfuerzo, pues usted ya estaba camino a convertirse en una máquina, le propongo una herramienta vegetal, un camino natural para encontrar la magia: Consuma hierba. Pruebe un poco, y muy probablemente empiece a hacer conexión con los dioses y las fuerzas mágicas de la realidad. Verá la vida como es: pura magia.    

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