¿HOMO SAPIENS SPIENS?: LA CAGADA

Cannabis ritual

En la ocasión anterior señalé algunas ventajas del consumo de la marihuana. Esta vez deseo, además de ampliar mis razones sobre mi oda a la hierba, hacer algunas aclaraciones sobre el consumo de drogas en general.

Especialmente quiero examinar una cierta actitud de la mayoría de las sociedades frente a este tema: hablo del escándalo que se presenta, en el momento en que recién se nombra la posibilidad del consumo de drogas: «la sociedad se va a bancarrota», «la juventud se corromperá», «la autoaniquilación del mundo y de toda lo poca decencia que queda»… La lista puede ser interminable. Pero en medio de tanto escándalo, me gustaría invitar a una contemplación tranquila del espíritu. Y es que tengo un cariño morboso por lo gracioso y curioso.

Ojo con esto. Definiciones sobre lo que sea una droga y sus efectos, deben haber suficientes. Yo simplemente lanzaré una propia que me parece, recoge a las demás, con cosquillas y picos: “droga es un elemento, que, al entrar en contacto con un humano, altera su realidad, generando cambios en su cuerpo, con la posibilidad de llegar a causar cierto daño en la salud”. Dejémosla así. Completa o incompleta, insuficiente o cabal, dejémosla tranquilita que noblemente me ayudará –sin pedir nada a cambio- para esbozar mis curiosidades.

Primero que todo entonces, droga pueden ser muchas cosas que nos acompañan en la vida cotidiana, sin ningún tipo de escándalo: “el café”, “una aspirina”, “el trabajo”, “los sueños”, “la imaginación”. Si usted tiene un fuerte dolor de cabeza, pues muy probablemente tomará alguna aspirina o medicamento para el dolor. Y nadie hace escándalo por eso (a menos que eso sea mortal para usted, pero este sería un caso más bien raro). Si usted tiene sueño y debe permanecer despierto, la tendencia general frente a esto es tomar café. Tanto éste como la aspirina alteraron la realidad en cada caso (la realidad de estar adormecido y la realidad de padecer dolor), y probablemente, si abusamos de los mismos, lograrán generarnos daño. Pero hasta ahora no he escuchado la primera persona que se escandalice preocupado por todo esto.

Segundo. Se ha considerado, a lo largo de la hermosa y manca tradición occidental, que una de las definiciones más populares sobre el ser humano, es que es “un animal racional”, cosa que en el fondo y muy sobradamente, nadie cree ni puede creer. Sin embargo nos encanta manosear dicha definición como usar papel higiénico. Pero vamos con calma y cuidado. Si observa con detenimiento, logrará notar que ese cuento (porque sólo es una fábula más) de la razón, fue inventado alrededor de unos setecientos años a. C. en la antigua Grecia. Y tiempo después, con el renacimiento y la ilustración, esa fábula bebé se tornó adulta y bastante autoritaria. Pero la historia de la humanidad es mucho más anciana que la de la razón. Antes de los griegos, fuimos animales salvajes (dicen que muy parecidos a los chimpancés), cavernícolas nómadas, civilizaciones gigantes. Y en todos estos casos, no primaba la razón, sino la exigencia de sobrevivir con herramientas, las fuerzas de la naturaleza como energías mágicas, o dioses sobrenaturales que rigen el destino humano. Es decir, primitiva y originalmente, el ser humano ha sido más un ser de imaginación que de razón, un ser creativo más que un ser que piensa y controla. Si esto fue así (y la fábula de la razón cuenta que sí), entonces nos es más propio imaginar que razonar, nos es más esencial: somos más imaginación que razón.

¿A qué voy con todo esto? Hombre, pues, fíjese que la imaginación es, básicamente, nuestra capacidad de alterar la realidad a voluntad. Es un elemento droga que llevamos adentrado, enredado en lo profundo de nuestras entrañas y cultivado –con mucho cariño, pareciera- en toda nuestra genética: seres humanos distintos, como aquellos con síndrome de down, con autismo o personas desquiciadas, no utilizan la razón pero sí la imaginación. Ser humano significa, de alguna manera, ser una droga: un elemento que altera la realidad y que puede llegar a causar daño. Por esto fue que Dios nos expulsó del paraíso, el muy pobrecito, porque el ser humano se cagó todo su mundo programado, se cagó en sus órdenes. Dentro de todos los animales de la naturaleza, el ser humano es quien ha planteado un mundo artificial, más allá y bastante distinto de lo que puso la naturaleza, construyendo ciudades, religiones, arte, sexo, bla, bla, bla… el ser humano es la cagada y nadie ha hecho escándalo por esto. Alguna vez vi en un documental, que algunos chimpancés se automedican con plantas, por ejemplo, para atacar parásitos estomacales. Esto es drogarse. ¿Cómo podemos estar seguros de que nosotros no hacíamos algo muy similar, cuando andábamos a cuatro patas? ¿Cómo podemos estar seguros de que aquellos hombres de barbas y pieles colgando no consumían algunas plantas para transformar la realidad y entrar en contacto, de forma más íntima, con las fuerzas mágicas de la naturaleza? Algo que sí está probado (de nuevo, a través de la fábula de la razón, afirmación que a su vez nos lleva a admitir, y celebrar con dicha irresistible, que la razón es una de las hijas de la imaginación, la cual sólo engendra ficciones) es que varias de las grandes y antiguas civilizaciones, consumían sustancias con efectos alucinógenos (ja… palabra chistosa en verdad), en sus rituales religiosos. Los sacerdotes más importantes las consumían y entraban en contacto con sus dioses (los mayas, los antiguos chinos, los persas, incluso los mismos griegos). Y hasta ahora nadie ha hecho escándalo por todo esto.

Tercero. Recuerdo un comediante fallecido, estadounidense: Bill Hicks. Alguna vez, en uno de sus shows, señaló que, si usted considera que las drogas son absolutamente perversas, entonces tome todos sus discos, cds, cualquier registro de música, y quémelos. Porque muchos de los músicos que enriquecieron su vida (así tal cual dice) a lo largo de su existencia, estaban putamente drogados. Y esto no sólo aplica para la música, sino para cualquier forma de arte: literatura, pintura, teatro, bla, bla, bla. Y nadie hace escándalo porque exista el arte. Muy curiosamente, me doy cuenta, con un poco de cosquillas también, de que el arte es otro de los hijos de la imaginación. ¡Caramba! Y pareciera que la imaginación y las drogas se llevaran muy bien, que se coquetean descaradamente, que se desean con porquería. ¿Por qué será? ¿Ah?

Y Bill remata, deliciosamente, admitiendo que no puede afirmar que las drogas sean algo definitivamente malo, porque ha pasado momentos putamente fantásticos, estando drogado. Y yo estoy de acuerdo. Y la mayoría de ustedes también. Porque la mayoría de personas consumen alcohol con bastante frecuencia. Y hacen fiesta y nadie hace escándalo por esto.

Entonces me pregunto con mucha confusión, agobio, inquietud y una pizquita de desconsuelo: ¿por qué hijueputas tanto escándalo con el consumo de drogas? Para alguien para quien su vida sea un asunto medianamente importante, tiene claro que las decisiones que toma para sí, no pueden radicar en una actitud pueril, caprichosa e ingenua, de una niña asustada. De ahí que la reflexión sobre el consumo de drogas no se pueda reducir al elemental juicio de que las drogas son malas porque sí. A menos que usted sea esa niñita asustada. Y en este caso usted no necesita una polémica. Necesita protección y cuidado. Además de aprender a vivir.

Es nítida esa -masturbada ya tantas veces- verdad de Aristóteles: todo exceso es malo. También es fácil darse cuenta de que las drogas no son todas iguales: sus efectos alucinógenos, sus efectos en el cuerpo, su rango de adicción (porque esto es de lo que más preocupa) son distintos. Unas hacen más daño que otras. Escojamos lo menos dañino, ¡Cristo señor! Pero también es muy claro que no podemos evitar el daño para siempre: desde que nacemos ya estamos muriéndonos. Y que de hecho, el sufrimiento, permite crecer espiritualmente. No estoy invitándolos a infligirse daño innecesario. Lo que digo es que el sufrimiento es una tormenta inevitable en el destino humano. Así que si es inevitable, escojamos el daño que mejor nos siente. Varias drogas están en este rango, entre estas la marihuana. Y quizás nos permitan, como lo hicieron nuestros ancestros, en todo caso más sabios que todos nosotros, entrar en contacto con los dioses y las fuerzas mágicas de la naturaleza, especialmente en estos tiempos malogrados, de aburrimiento como principio vital, vidas de enfermedad terminal y emociones medio muertas y entumecidas.

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